Dos veces Miranda: entrevista

Leandro Pérez de Miguel. El Mundo.

 

-¿Qué entiende por género negro, qué ingredientes requiere?

El género negro es como todo: es algo muy definido, pero cada uno entiende una cosa diferente. Aparte de una trama, una intriga, un crimen o un intento de crimen, tiene que haber también un enfrentamiento moral, no sólo físico. Hay alguien que debe defender lo éticamente correcto, y alguien que debe representar el mal. Sé que hay gente que prefiere que gane este último, pero yo voy siempre con los buenos. Por desgracia, no siempre ganan. Por eso se inventó eso que se llama justicia poética, para gente como yo y como otros muchos, que necesitamos encontrar un consuelo, seguir soñando, escapar de la realidad.

-¿Qué posibilidades ofrece esta literatura a un escritor?

-Todas. Un escritor, si lo es de verdad, no puede menospreciar nada, pensando, por ejemplo, que algo que él hace es un género menor y por lo tanto puede rebajar su autoexigencia. Una mujer, si es guapa de verdad, lo es desnuda, en traje de noche, por la mañana sin maquillarse, o en vaqueros y camiseta: siempre se verá a la mujer. Con un escritor sucede o debería suceder lo mismo: siempre ha de verse al escritor. De todas formas, y para que todo quede más claro, diré que así, en general, las mujeres son más guapas que los escritores.

-¿Cree que la novela negra, o el relato negro, en este caso, se adecua a los tiempos que corren?

A los que corren, a los que corrieron, y a los que correrán. No me creo un privilegiado, en el dudoso sentido de creer que ahora hay más corrupción, más crímenes o más conductas inmorales que nunca, y que yo estoy aquí para verlo. Siempre ha sido parecido, el hombre siempre ha sido, por decirlo de alguna manera, fiel a su falta de principios.

-¿Ha condicionado su escritura el hecho de que Dos veces Miranda sea un relato de encargo?

-Lo del encargo me hace cierta gracia. Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero, era un encargo, en el sentido de que Norma Sturniolo me propuso escribir una novela juvenil para Anaya, y pocas veces he escrito más libremente. Con Dos veces Miranda, Juan Carlos Laviana y El Mundo me sucedió algo parecido. Era una idea que llevaba tiempo rondándome.

-¿De qué va Dos veces Miranda?

-Miranda es un detective más bien cutre, un pobre hombre, hace calor, es verano, y él tiene que quedarse en Madrid, por si sale algo de trabajo, mientras su secretaria, su novia, está en Benidorm. Y lo que sale es un encargo que, como luego se verá, no es lo que parece. Mientras espía a Paula (tiene que descubrir a su amante), se enamora de ella, y descubre en él una doble personalidad: la de siempre, un hombre gris, aburrido, y la desconocida, que Paula y la nueva situación hacen aflorar, un hombre apasionado, sinvergüenza, dominante y descarado. De ahí lo de "dos veces Miranda".

-¿Es sólo un relato negro, o algo más?

-Siempre que se escribe algo, tiene que ser algo más: si no, no es nada. En este caso, es el paso de la juventud a la madurez: Miranda, que ronda los cuarenta, nunca más volverá a enamorarse de una forma tan platónica, tan falsa y tan maravillosa. Comprende que, a partir de ahora, tendrá que conformarse para siempre con su secretaria. Y por suerte, piensa que eso no está mal.