Por el camino de Ulectra: Primer capítulo


Una introducción

A principios del siglo XXIV muchas cosas eran como a principios del XXI. Había hombres y mujeres, gente malvada y gente noble, ricos y pobres, envidias, celos, afectos y desafectos. Y esos hombres y mujeres necesitaban respirar, dormir, comer y beber para sobrevivir. Pero otras muchísimas cosas habían cambiado. ¿Quién, en el año 2015, habría creído posible que una imagen digital de un pollo asado con patatas fritas pudiera convertirse como por arte de magia en un verdadero pollo asado con patatas fritas, aunque, todo hay que decirlo, menos sabroso que un auténtico pollo asado con patatas fritas? ¿O que se pudiera viajar mediante pulsares o pulsaciones instantáneas? Y, lo que es más importante, en el año 2314, el año en el que transcurre esta historia, nadie -excepto algún miembro del Consejo Superior, según se rumoreaba- sabía leer. La Sociedad de la Información acabó generando los Años Oscuros. Esto no quiere decir que los humanos fueran exactamente unos ignorantes: de hecho, poseían unos conocimientos vastísimos sobre determinadas cuestiones. El problema era que ellos no habían podido elegir en qué saberes aventurarse. El Centro Controlador había insertado en sus cerebros unos microchips que se cargaban de conocimientos especializados. En su intento de mejorar la existencia humana, de liberar a los hombres de sus penas y dolores, los políticos y científicos habían ideado un mundo aparentemente feliz, en el que los placeres estaban asegurados, pero en el cual no había igualdad ni libertad. Tampoco fraternidad. Respecto a esto último, por no haber, no había ni hermanos: todos eran hijos únicos, nacidos en probetas. Además, los descendientes se tenían individualmente, es decir, cada persona tenía un padre o una madre, pero no ambos a la vez. Eso, unido a la obligatoriedad de procrear a partir de cierta edad, hacía que la población se mantuviera estable.
Esta es la historia de Miguel y Glaster, que intuyeron lo importante que era ese bien perdido durante generaciones, la lectura y la libertad de saber, y que arriesgaron sus vidas para recuperarlo. Gracias a ellos, los hombres del siglo XXIV podrían leer esta historia, igual que, por ejemplo, los que vivieron en la primera mitad del siglo XXI (estos últimos gracias, también, al viaje de objetos a través del tiempo). No podríamos decir lo mismo de las personas que nacieron entre 2065 y 2314. Así que si estás leyendo estas líneas, ya sabemos algo de ti: no perteneces a ese desgraciado periodo de dos siglos y medio en el que nadie sabía leer.
Afortunado eres
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