Mi precio es ninguno: Primer capítulo


 

El reloj de la pared marca las ocho menos siete. Elsa lleva ya ocho minutos de retraso. Es uno de los días más cortos del año, y hace un par de horas que el sol ha tomado las de Villadiego. A veces pienso que si en diciembre viéramos en blanco y negro, no nos daríamos cuenta. Mírenme. Tengo buena facha, ¿verdad? Bien vestido y bien afeitado. Se nota que los zapatos son de estreno. No hace ni setenta y dos horas mi pinta era bastante peor. Es increíble lo que puede hacer el amor de una mujer por el aspecto de un hombre. Aunque la cicatriz en el cuello sigue igual, claro. Ni siquiera Elsa o Rosa son capaces de cambiar una cosa así.

-Un whisky con hielo. Dos dedos de whisky, si me haces el favor.

Pongo los dedos junto al vaso, para marcar la medida. El camarero, un adolescente escuchimizado, no se pasa ni media gota, no sé si porque una mano con tres gruesos anillos le infunde respeto, o porque tiene instrucciones de ahorrar. Miren mis ojos... ¿Qué ven en ellos? Sea lo que sea, seguro que otra cosa que lo que hubieran visto hace seis años. Hace tan sólo tres días, yo estaba sentado en este mismo taburete. Aunque no tode estaba igual. Por ejemplo, había un espejo cerca del reloj, que taparía esos dos agujeros que se ven ahora. Sobre el dintel de la puerta, ahora vacío, había una figura de porcelana de un gato pintado de azul. Pero hay dos cambios mucho más importantes: yo no esperaba a Elsa y el camarero era Toni, en vez de este palillo de Sabas. Y ya he dicho que mi aspecto era bastante peor...