Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero (Anaya, 1995).


Traducciones:

Alemán: So ein alberner Satz wie Ich liebe dich, traducción de Katrin Fieber, Carl Hanser Verlag, Munich, 1999. ISBN 3-446-19745-1.

Portugués: E dizer-te uma estupidez qualquier, por exemplo, amo-te, traducción de Carmo Abreu, Dom Quixote, Lisboa, 1999. ISBN 972-20-1457-9

Sinopsis: Juan piensa que el amor es una estupidez, pero se enamora de Sara, la chica nueva de su clase. Cuando Sara le propone robar los exámenes, él no sabe decir que no a la aventura que ella le propone, porque está metido en otra aventura, la de su amor secreto. Ésta es también la historia del paso de la adolescencia a la madurez: en el año de la despedida de Butragueño, un ídolo para Zac, su hermano pequeño, Juan está aprendiendo a valorar eso que se llama «las pequeñas cosas».

Visión personal de Martín: Mis novelas "juveniles" me parecen tan importantes como las otras. Ésta fue la primera, y no sé si la mejor, aunque desde luego, sí la que más éxito ha tenido hasta ahora. Cuando la publiqué, en 1995, había mucha gente que despreciaba la literatura infantil y juvenil (sigue ocurriendo así, pero, afortunadamente, en un grado mucho menor); había, incluso, escritores que si publicaban en una colección destinada preferentemente a lectores jovenes, lo hacían con pseudónimo; esto no es nada nuevo: el mismísimo Stevenson publicó con otro nombre nada menos que... ¡lLa Isla del Tesoro!. Cada vez es más frecuente que autores "para mayores" escriban también "para jóvenes". Recuerdo que, antes de empezar a escribirla, tenía ya el argumento, los personajes principales, el ambiente en que se desenvolverían, pero me faltaba saber cómo contarlo. Un día, después de una cita con una chica de la que luego tomaría algunos rasgos para el personaje de Sara, llegué a casa muy excitado y escribí apresuradamente algunas líneas que me iban a dar el tono de la novela. Es una de las pocas veces en mi vida que he sentido eso que vagamente llamamos "inspiración". En cuanto al título, tuve que cambiar el que tenía en el último momento, pues hacía alusión al tabaco y a la bebida, y eché mano de una canción que Sinatra hizo famosa, "Something stupid", que venía como anillo al dedo a la novela que tenía escrita. Los personajes y lo que ocurre no tienen nada que ver, pero, por la manera en que está escrita, esta novela se emparenta con Qué te voy a contar.

La crítica ha dicho:

"En esta su primera incursión en la literatura juvenil, Martín Casariego nos ofrece un relato en primera persona de una enorme fuerza, escrito en un trabajado, premeditado estilo oral, que nos hace llegar los pensamientos, los sentimientos de Juan por vía intravenosa. Es imposible escapar al influjo poderoso que surge de esta combinación explosiva entre estilo, lenguaje –tan rico en expresiones– y contenido de la novela. Sin mencionar el gran conocimiento que demuestra tener el autor sobre la psicología de los adolescentes, y el gran respeto que siente por su mundo y sus vivencias. Una gran novela sobre la normalidad de ser joven y estar enamorado" (CLIJ).

"Narrada en primera persona, la obra da esa sensación de autenticidad, como si fuera la primera novela real que un adolescente ambicioso y atropellado escribe, en la que quiere contar todo lo que le pasa, siente y piensa, sin dejar de hacer continuas referencias a su alrededor […]. Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero, novela llena de ingenio, no es sólo una atropellada historia de amor, sino el reflejo de una edad de asombros en la que todo está por hacer" (José María Plaza, El Mundo-La Esfera).

"En el proceloso maremágnum de la literatura juvenil, muy aguijoneado por el rendimiento mercantil, no suele ser muy normal toparse con obras que alcancen la obligada altura literaria en todos los sentidos, al tiempo que encierran unos contenidos capaces de responder a la problemática plural de la edad. Riqueza de contenidos, valor literario, sensibilidad, imaginación y buen hacer suelen ser los elementos obligados para una buena literatura juvenil, elementos que se observan en Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero. […] El amor, entre idealista y vital, por una muchacha, la fatalista Sara, y la visión del sexo opuesto transmitidos por un joven de dieciséis años, tímido y callado, constituye el eje de una atractiva historia lineal, convenientemente agilizada por el diálogo, donde la reflexión da su toque de hondura. […] En suma, una novela grata, más densa y reflexiva de lo que parece, y que se lee de un tirón". (Ramón Acín, Diario 16).

"Cada palabra, cada frase fluye con naturalidad. Es quizás éste uno de los grandes logros de la novela, pues Casariego consigue fundir con maestría la reflexión a veces íntima que lleva aparejada todo discurso amoroso con la acción. La voz de Juan y el eco de su conciencia, por tanto, corren paralelas, sin distorsiones. La lectura se vuelve así ágil, y el lector tiene la impresión de estar realizando un viaje iniciático, sin retorno, por el camino del amor, a cuya conclusión descubre, tal y como dice Sara, la chica de esta historia, que lo que importa es el viaje, no la meta, que lo que cuenta no es el resultado, sino el esfuerzo, el reto, no el fin. Lo que importa no es la vida, sino estar vivos. […]. Como diría el propio Juan, Y decirte alguna estupidez, por ejemplo, te quiero es una estupenda, estupenda, me estoy rayando, estupenda novela" (Emilio Calderón, Rey Lagarto).

"Y a lo largo de un fluido y fresquísimo monólogo […] Juan habla de lo que pasa en clase, del trato con sus amigos, de su hermano o del homenaje a Butragueño. Y no se olvida de Sara, con los ojos brillantes como arañazos del sol en el mar, y de su manera lúcida y personal de ver el mundo". (José María Goicoechea, El País de la Tentaciones).