Las aventuras de Pisco (Anaya, 2014. Ilustraciones de Chema García). Recomendado a partir de 6 años.

Este libro reúne las dos primeras aventuras de Pisco, editadas en tapa dura y con nuevas ilustraciones.


Pisco pasea por la ciudad

Carta al lector: Yo escribo cosas para gente mayor, y ésta es la primera vez que escribo para niños. Hay gente mayor que opina que los niños sois tontos, o mejor dicho, que no os enteráis de muchas cosas. Como yo tengo algunos sobrinos, me he dado cuenta de que no es así. Por eso he intentado escribir no para gente que no se entera de las cosas, sino para niños. En realidad, aparte del tamaño, la mayor diferencia entre los mayores y los pequeños -bueno, no tan pequeños: ¡ya sabéis leer!- es que los pequeños sois más libres y más fantasiosos. Como yo ya soy mayor (tengo la misma edad, por ejemplo, que el Capitán Caimán y, aunque soy más joven que el Capitán Diente Negro, y no digamos que el Almirante Mar de Fondo, que ya tiene el pelo blanco, soy más viejo que Marisa del Cerro), os diré que opino que eso no siempre es mejor.

De cualquier manera, yo he querido escribir con mucha libertad, pero, por eso de ser mayor, no sé si he podido. ¡Me gustarla saber qué hubiera escrito Pisco, por ejemplo!

Pero ya os dejo con Pisco y Margarita, la chica que le cuida durante unas horas. ¿Qué van a hacer? Me parece que se van a dar un paseo por la ciudad. Seguro que se toman algún helado, porque ya empieza el calor... Yo les diría que tuvieran cuidado con las cacurcias y con los ladrones, pero me parece que ya no pueden oírme... No, ya no pueden oírme...

(Martín Casariego, 1996)

Primera página:

Pisco cambió el agua de su hámster y le echó comida. Sus padres se iban a una boda. Su hermana, Anita, se había ido a casa de su vecina, a jugar con su amiga Diana. Él se quedaba solo y sus padres habían llamado a una chica para que le cuidara. Qué tontería, como si él no fuera lo bastante mayor para quedarse solo... Pero sus padres se habían empeñado, y cuando sus padres se ponían más tercos que mulas, había que darles la razón, porque si no, se enfadaban.


Pisco sueña con el Capitán Caimán

Carta al lector: Cuando yo era pequeño, comía bastante mal (bueno, quiero decir que comía poco, no que enseñara la comida masticada y se me cayera y pusiera todo perdido). Ahora me gusta más comer, aunque procuro no pasarme, no vaya a ser que me salga un barrigón y cuando eche a andar parezca un tonel con patas. Recuerdo que en el colegio, un día, como nos obligaban a comer todo, mis amigos y yo tiramos la mitad de la comida debajo de la mesa, cuando no nos miraban. Y en mi casa cuentan que un hermano mío se acostaba con una bola de comida en la boca, y cuando se levantaba para desayunar, todavía la tenía... Éramos, claro, muy pequeños...

No entendíamos por qué nos obligaban a comer. ¡Era como una pequeña tortura! ¡Que nos dejaran en paz! Pero claro, las madres siempre se preocupan y se creen que los niños se van a quedar enanos y debiluchos si no comen.

Os cuento esto porque es la hora de cenar, y de un momento a otro van a llamar a Pisco y a Anita para que cenen... ¿Y qué les pondrán? ¿Algo rico o algo que no les guste nada? Y si no les gusta, ¿se escapará Pisco? Y si se esconde.... ¿se dormirá? Y si se duerme..., ¿soñará con su héroe, el Capitán Caimán? ¡Pronto lo sabréis!

Bueno, os dejo. ¡Me están llamando para ir a cenar! Si hay algo que no me guste, me prepararé yo otra cosa... Ser mayor también tiene sus ventajas ... ¡Hasta luego!

(Martín Casariego, 1997)

Primera página:

Pisco y Anita dieron de comer a Rigo, su hámster, porque era la hora de la cena. Pisco metió la mano en la jaula y lo acarició un poco. Anita metió un dedo, lo tocó con la punta y lo sacó inmediatamente, porque le daban miedo los dientes de Rigo.

-¡Qué chuto! -dijo Anita.

Pero la verdad es que Rigo nunca les había mordido. Su nombre completo era Rigoberto.