La Fuente Amarilla (1998).


Director: Miguel Santesmases.
Intérpretes: Eduardo Noriega, Silvia Abascal, Carlos Wu, Chuen Lam, Tony Lam, Miguel Hermoso.
Guión: Antón Casariego, Martín Casariego y Miguel Santesmases.
Fotografia: Javier Aguirresarobe.
Música: Santi Vega.
Montaje: José María Biurrún.
Productora: Mate Production.
Estreno: 24 de abril de 1999, Cine Avenida, Madrid.

Sinopsis: Lola, una joven de 18 años, hija de español y china, vive con la única obsesión de vengar la muerte de sus padres, asesinados ante sus propios ojos tres años atrás. En su desesperada búsqueda encontrará en Sergio, un joven introvertido, al mejor aliado posible para enfrentarse a su peligrosa empresa: introducirse en el corazón de la mafia china de Madrid.

Una anécdota curiosa: Durante la preparación y el rodaje de La Fuente Amarilla, ciertos miembros de la comunidad china, apoyados por su Embajada, emitieron veladas amenazas contra el equipo y trataron de boicotear la película, creyendo que de estrenarse iba a resultar negativa para su imagen y para sus intereses económicos. Por más que se les explicó que se trataba de una ficción (eso sí, basada en cuanto a las referencias a la mafia china en una solidísima documentación, recogida fundamentalmente de la prensa por Nena Pérez-Pita), y que en España existe libertad de expresión, fueron incapaces de recapacitar. Además de conseguir, mediante amenazas ya no tan veladas, que la mayoría de los actores chinos se retiraran en el último momento, llegaron a denunciar por racismo a los guionistas. Evidentemente, la disparatada denuncia fue archivada en el Juzgado a las primeras de cambio, y ya es historia. Sin embargo, las inquietantes noticias sobre ese mundo no dejan de aparecer día tras día en las páginas de sucesos de la prensa.

La crítica ha dicho:

Sugestivo thriller romántico: "La primera impresión positiva que produce La Fuente Amarilla proviene de una constatación: en España se pueden hacer buenos thrillers, aunque parezca desmentirlo la estadística. Es cierto que si echamos la vista atrás, sólo en esta década pueden contarse como cadáveres fílmicos la mayoría de los intentos. Pero no por ello conviene olvidar algunos estimulantes ejemplos, tanto en cintas donde la trama policiaca o de intriga era parte colateral de otros argumentos (Días contados, Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto), como en muestras genuinas (Manila, A tiro limpio) a las que no se prestó la atención merecida. Algo similar estuvo a punto de ocurrir con Tesis, que muchos descubrieron a raíz de los premios Goya. Y es que no es menos cierto que la crítica y el público en general suelen mostrarse bastante intransigentes cuando se trata de juzgar las aportaciones hispanas a este género, actitud que no se produce en otras parcelas cinematográficas. Confiemos en que tal cosa no suceda con esta película, que es, junto a la de Amenábar, la más digna incursión en el territorio thriller de nuestro cine reciente.

El deseo de venganza y el amor son los motores de la historia. Lola, una joven hija de madre china y padre español, ha visto morir asesinados a sus padres. Está sola en el mundo vive con la obsesión de averiguar la razón de lo ocurrido y vengarse de quien lo hizo. Valiente e impulsiva como es, no dudará en meterse en los peligrosos dominios de las temibles tríadas, la mafia china que extiende sus tentáculos allá donde haya un grupo de compatriotas. Y arrastrará consigo a Sergio, otro ser solitario, pero de carácter radicalmente opuesto a ella, miedoso y tímido hasta lo enfermizo, cuya única consigna vital parece ser la de no tener nada que ver con líos ni con mujeres...

El desarrollo policiaco del relato tiene el atractivo de sumergirnos en un mundo prácticamente desconocido, aunque su existencia sea patente en todas las grandes ciudades españolas, cual es el de la cerrada e impenetrable comunidad china. Así, la inmigración ilegal, la explotación laboral de tintes esclavistas, la organización gangsteril de expeditiva violencia y el nacimiento de pequeños clanes dispuestos a hacer frente a la todopoderosa mafia son algunas de las realidades más o menos cotidianas que forman parte del argumento. Se trata de hechos y ambientes que han proporcionado numerosas crónicas a las páginas de sucesos de los medios de comunicación, pese a lo cual se produjeron, como se recordará, numerosos intentos de obstaculizar el rodaje del film, por parte incluso de la embajada de China. No es necesario señalar que del todo injustificados. Precisamente, el rigor y la verosimilitud juegan una importante baza en la película, que acierta a blindar sus imágenes (le veracidad y persuasión, sin dejar por ello de aprovechar el secretismo de los ambientes en los que se mueve (excelentemente fotografiados por Javier Aguirresarobe), para enriquecerse con un halo de exotismo propio del cine de aventuras y reforzar, al tiempo, el carácter fatalista y romántico de la historia.

Porque, además, La Fuente Amarilla es, quizá por encima de todo, una hermosa e imposible historia de amor entre dos seres divertidamente antitéticos. No en vano, el guión lleva la firma de Martín Casariego, inventor en sus novelas (Qué te voy a contar, Y decirte una estupidez, por ejemplo, te quiero, Mi precio es ninguno) de un conjunto de tiernas, hilarantes v conmovedoras (cada una en su género) historias de amor juvenil, del cual la singular pareja Lola-Sergio pasa a formar parte con todos los honores. No son los hasta aquí apuntados los únicos méritos de un guión (escrito en colaboración con Antón Casariego y el propio director), que contiene también unos estupendos diálogos salpicados de golpes de humor (Lola: «Chinos peligrosos hay cuatro». Sergio: «Sí, claro, pero es que tú conoces a los cuatro».) y sugerentes hallazgos visuales, no exentos de ambigüedad, como el de la propia Fuente Amarilla (en la mitología china, un manantial donde van a beber las almas de los que han muerto y donde viven felices para siempre junto a las de aquellos a quienes amaron en vida) que da título al film.

El debutante Miguel Santesmases da muestras de un amplio conocimiento de su oficio. Sostiene con buen pulso las secuencias más difíciles y sólo da señales de irregularidad en la zona más imprecisa del film: aquélla en la que prolonga en exceso el deambular de Lola sin in formar al espectador de sus propósitos. Aunque quizá su mejor cualidad estribe en una magnífica dirección de actores, tanto los secundarios (chinos y españoles están impecables, como sorprendidos en su quehacer cotidiano) como los protagonistas: Eduardo Noriega compone un tipo completamente alejado de lo que había hecho hasta ahora y su arriesgado trabajo resulta plenamente convincente; en cuanto a Silvia Abascal (¡qué mirada la suya, en una historia que se va construyendo fundamentalmente a base de miradas!) es posiblemente la actriz joven con más frescura, talento y, por lo que se ve, dotes camaleónicas del actual panorama español. (Francisco Moreno, Reseña, nº 304, mayo de 1999).

 

“Construida alrededor de los misterios de la comunidad china en Madrid, La Fuente Amarilla, primera obra de Miguel Santesmases, es una original y atractiva mezcla de thriller, romance, crítica social y documental. El director acierta jugando con todos esos elementos hasta construir algo sólido, y, en sus modestas pretensiones, la película es probablemente el mejor primer thriller español desde Tesis de Alejandro Amenábar, de 1995. Si se le diera el tratamiento de marketing adecuado, la inteligencia y el sentido del riesgo de esta película podrían funcionar en el extranjero, con un festival como posible punto de arranque.

Lola (Silvia Abascal) es una salvaje joven hispano-china que atrae la desgracia –tres años antes vio morir a sus padres asesinados por pistoleros chinos, y en la primera escena su novio Carlos (Miguel Hermoso) se mata jugando a la ruleta rusa. Completamente sola, Lola se encuentra con un acomplejado, tartamudo Sergio (el sex-symbol español Eduardo Noriega, en un papel opuesto al habitual), y, a través de una trama satisfactoriamente desarrollada, se dedican a desenterrar quién y por qué asesinaron a sus padres. El climax es una secuencia bellamente orquestada

La película, cuyo rodaje enfureció a la comunidad china de Madrid, refleja los trucos fraudulentos que se supone practican los inmigrantes con pasaportes y cosas semejantes, y a medida que el ritmo se incrementa, no escasean tríadas ni Tigres ni balas ni sangre. Pero el bien documentado guión tiene cuidado de no plantear oposiciones simplistas entre malos y buenos. Uno de los personajes chinos en particular –Wayne (Carlos Wu) que se enamora de Lola– se retrata amablemente; se menciona la espantosa situación social de los inmigrantes; e incluso a Fong (el carismático Chuen Lam), la cabeza de la mafia china local, se le dan rasgos que le redimen.

La historia de amor entre Lola y Sergio es de interés secundario, pero funciona la tensión de si "lo harán", entre la belicosidad de ella y la introversión de él. Abascal, de 19 años, se maneja bien en su complicado papel de una chica capturada en un fuego cruzado; Noriega cae excesivamente en la tartamudez, lo que afecta al ritmo de los diálogos. La fotografía de Aguirresarobe, en gran parte cámara en mano, es apropiadamente sombría”. (Jonathan Holland, vista en los cines Acteón, Madrid, 2 de mayo de 1999; Variety, 10-16 mayo 1999; traducido del inglés).

 

"Fuente de buenos talentos: Antes era la comedia; ahora, el género que muchos jóvenes directores españoles eligen para debutar es el thriller. Los dos casos entrañan riesgos, y éstos los ha asumido Miguel Santesmases en su primer trabajo cinematográfico apoyándose en talentos que estaban por demostrar en algunos casos y otros ya de sobra conocidos. La Fuente Amarilla se mete de lleno en los entresijos de las mafías chinas que supuestamente actúan en España con rollitos primavera y cerdos agridulces de tapadera y resulta una película digna con bastantes sorpresas a destacar.

En primer lugar, embauca y está plagada de riesgos la elección de Silvia Abascal como protagonista. Pero la apuesta funciona a las mil maravillas con este talento de 19 años que se mete en la piel de un personaje complejísimo al que no sólo saca adelante, sino que en sí mismo arrastra todo el resto de la cinta. En ese torbellino, Abascal se lleva a todos los demás. Pero pocos salen mal parados del paso que ella marca en pantalla, con una fuerza y una verdad que son muy difíciles de conseguir. La sigue Eduardo Noriega con otro trabajo sobresaliente y distinto a los que nos tiene acostumbrados. El actor fetiche de Alejandro Amenábar demuestra en La Fuente Amarilla que es un intérprete muy serio y con ganas de riesgo que va a ser difícil que se conforme con papeles de chico guapo, sin más. Si a la actuación más que digna de la pareja protagonista unimos un prólogo impactante a cargo de Miguel Hermoso, la deducción es que Satesmases saca jugo a los actores de forma espectacular, por lo que ya tiene ganado uno de los aspectos cruciales en la carrera de un director.

Pero no es éste el único aspecto que sobresale de La Fuente Amarilla. La película también se apoya en un guión muy logrado y muy creíble de Martín y Antón Casariego que, además de introducir los aspectos más dramáticos y retorcidos de los inmigrantes orientales en España, proporciona las bases de una sólida trama. Finalmente destaca la fotografia sobria, oscura, pero de gran belleza, de Javier Aguirresarobe, artista de oficio, junto al que Santesmases habrá desarrollado su trabajo debutante con la tranquilidad de tener a toda una garantía detrás. Y es que no todo va a ser un triple salto sin red para los primerizos". (Jesús Ruiz Mantílla, El Espectador–El País).

 

“Estimulante debut de Miguel Santesmases, quien, con el telón de fondo de las mafias chinas en Madrid, sabe ofrecer un sólido relato que combina de modo original amor y suspense”. (Miguel Ángel Palomo, El País, 2/10/00)