El amor y la literatura (Anaya, Colección Punto de Referencia, 1999).


Texto de contracubierta: El amor y la literatura es un recorrido ameno y riguroso, por algunas de las más famosas historias de amor de todos los tiempos, desde Tristán e Isolda hasta El sueño de los héroes, o, en nuestra literatura, desde el Amadís hasta La Regenta. Las historias de amor apasionado, muchas veces trágicas, conviven en el texto con algunas anécdotas (el pesimismo de Rostand ante el estreno de Cyrano de Bergerac, la antipatía de Zorrilla contra su inmortal Don Juan, el título que Ford Madox Ford había pensado para El buen soldado, etc.) y con las opiniones del autor. Desde el amor ideal de don Quijote por Dulcinea, hasta el primer amor de Romeo y Julieta, desde el amor romántico de Werther hasta el amor fatal de Carmen o de El cartero siempre llama dos veces, estas páginas constituyen un homenaje a la literatura y una incitación a la lectura.

Primera página:

La inspiración de la literatura, la fuente de la que bebe y vive, su única razón de ser, es la propia vida. Y en la vida de cada uno, un momento trascendental es aquél en el que surge el amor. Nuestra existencia, tan llena de injusticias, de dolor, del color gris de la mediocridad y de la cruel herida del sin sentido, se ve iluminada, a veces, por los colores del arco iris, por un paréntesis resplandeciente que, súbitamente, le confiere sentido. Ésta es la idea que, sospecho, condujo a Mario Benedetti a escribir La tregua. Ese paréntesis, esa tregua, la del amor, constituye, seguramente, el tema más tratado en la literatura occidental, porque condensa todo lo que realmente preocupa al ser humano: lleva en sí el deseo y la felicidad de estar vivos, la angustia del tiempo y el sueño de escapar a la muerte, el anhelo de la libertad y la necesidad de compartir emociones, experiencias y pensamientos, la necesidad de no estar solos y comunicarnos con el otro.

Porque el amor no es sino el grito de la vida. Amando, vivimos olvidando la muerte, creemos poder ser inmortales. Pero el amor, que todo lo fertiliza, hace con frecuencia crecer, junto a las del gozo, las plantas de la desgracia. Eros, el dios griego del Amor, y Tánatos, la Muerte, están...