La primavera corta, el largo invierno: entrevistas

Martín Casariego.

Por Pedro M. Domene. Ideal de Granada /Artes y Letras, 8 de febrero de 2000, y Diario Córdoba / Cuadernos del Sur, 2 de marzo de 2000. (Fragmento de la entrevista).

Con La primavera corta, el largo invierno (1999), su última novela, Martín Casariego consigue dar una vuelta de tuerca para contar una historia tan profunda como a la par intensa, capaz de reafirmar esa voluntad del novelista por asumir los riesgos de una escritura cuyo valor es la intensidad con que está escrita.

-¿La creatividad sigue siendo un misterio o un enigma?

-Hay algo misterioso en la creación, y siempre lo habrá. ¿Qué separa a un genio de un artista dotado? Aparte de la técnica, la corrección, el trabajo, hay algo que es la emoción, la capacidad de transmitirla, de hacer sentir al espectador, que no sabemos de dónde nace, ni cómo se alcanza. La complicación es doble, porque los logros no dependen sólo del autor, sino también de los receptores: un genio, si es incomprendido (me refiero a realmente incomprendido) deja de ser un genio, y se convierte simplemente en un loco. En cualquier caso, creo que los grandes creadores han sido casi siempre grandes trabajadores.

-La pregunta anterior viene a propósito de este final de milenio y a esa motivación, personal o social, que puede empujar hoy a alguien a dedicar gran parte de su vida a la creación literaria, ¿cuál es su caso?

-Antes no hablaba de mí, evidentemente; ahora sí lo haré. Mi única motivación para escribir es una motivación personal. No es que no me preocupen los problemas sociales: es que, francamente, no creo en esa idea peligrosa, ególatra, redentora, de un escritor como salvador. Si se entiende de una manera más humilde, como la de “poner tu granito de arena”, entonces sí; pero para eso no hace falta ser escritor.

-En Qué te voy a contar también se cuenta una historia de amor y una ruptura que salvando las distancias se vuelve dar en su última entrega, La primavera corta, el largo invierno.

-Una historia de amor, una ruptura, un intento de recuperar ese amor perdido: todo eso es igual, pero todo lo demás es diferente en Qué te voy a contar y La primavera corta, el largo invierno. En realidad, ése es un esquema muy abierto, que da pie a un sinfín de temas, situaciones y reflexiones distintas, y a novelas totalmente diferentes. Seguramente, mi próxima novela responderá a ese esquema; y nuevamente, será una novela completamente distinta a las dos citadas.

-Con su última novela usted intenta dar un giro a su narrativa, es más, lo consigue porque parece haber un referente muy fuerte, una especie de biografía sentimental de su hermano Pedro. ¿Puede tratarse de algo de esto?

-La primavera corta, el largo invierno es una historia de ficción, pero sí, tiene muchas cosas de mi hermano Pedro, que fue poeta, que pintó (la portada es un dibujo suyo), no solamente los versos que salpican aquí y allá la obra. De hecho, la lectura de Verdades a medias (Espasa, 1999), de Pedro Casariego Córdoba, podría ser algo así como una lectura complementaria. Pero para saber qué hay de mi hermano y qué hay de ficción habría que haberle conocido íntimamente. En cualquier caso, es una novela muy especial para mí, y tengo la sensación de que, con los años, su prestigio irá en aumento.

-En su novela usted escribe, "enamorarse es volver a no tener uso de razón". Razone esta frase, por favor.

-Hay una frase de mi hermano Pedro que yo utilizo como cita en Y decirte una estupidez, por ejemplo, te quiero: “No me des un beso inteligente, no quiero un beso cruel”. No nos enamoramos con la cabeza, sino con el corazón; el enamoramiento es una pérdida de la objetividad, del raciocinio, de la lógica. Enamorarse es perder la razón.

-Realismo y fantasía campean por la novela, ¿son éstos los dos parámetros que se había fijado para contar su historia?

-A mí me gusta mucho una novela de Bioy Casares, El sueño de los héroes, que se puede leer como una historia realista, o como una historia sobre la fuerza del destino, con elementos mágicos. Lo mismo ocurre con La primavera corta, el largo invierno, que puede ser una historia sobre el amor y la locura, o sobre la lucha entre el Bien y el Mal. Pedro llama a Ana Bruja, y quizá Ana sea realmente una bruja; en cualquier caso, todo lo que sucede puede ser real; cuando, por ejemplo, Bruja desaparece de una habitación como un fantasma, hay que tener en cuenta que Pedro ha fumado y ha bebido; y si Pedro ve un gato con una mano herida, y a los pocos segundos aparece por la calle Ana con una tirita en el dedo, porque se ha cortado, puede tratarse de una simple coincidencia. Sin embargo, tanto El sueño de los héroes como La primavera corta, el largo invierno, están muy alejadas del realismo mágico, que es otra cosa, y que a mí no me interesa especialmente.

-¿La primavera... es su novela más ambiciosa y por tanto la que más le ha ocupado escribirla?

-Sin duda. No podría escribir una novela así en uno o dos años. He necesitado bastantes más; y creo que quien la lea entenderá por qué. Ahora bien, que sea la más ambiciosa no significa necesariamente que sea la mejor. Tampoco el que yo lo piense.