La primavera corta, el largo invierno: entrevistas

El romanticismo no tiene nada que ver con lo que se entiende por novela rosa.

Por Tino Pertierra. La Nueva España, 20 de enero de 2000.

 

A Martín Casariego le gusta jugar fuerte. Con La primavera corta, el largo invierno (Espasa) ha hecho su apuesta más arriesgada: una obra de pasiones y búsquedas, de enigmas y magia, de sentimientos en carne muy viva.

-¿Escribe mejor en primavera o en invierno?

-En invierno. En primavera se vive mejor.

-¿No es feliz al escribir?

-A veces sí, a veces no. Pero me apasiona hacerlo y los buenos momentos te compensan de los malos. Hay ciertas sensaciones placenteras que sólo encuentro en la literatura.

-¿Escribir es como amar?

-Es una relación muy intensa y no siempre placentera con las palabras, igual que las relaciones amorosas. En definitiva, entraña un reto con uno mismo: las palabras están allí y si no encuentras las que hacen falta es culpa tuya. Luego llega el desamor cuando publicas la obra; la has corregido tanto que no tiene misterio, llega un momento en que te sientes muy lejos.

-Se la ha jugado con esta novela. ¿Ha ganado?

-Sí. Estoy orgulloso de ella, pero sucede que me veo mejor escritor cuando leo las novelas antiguas. De alguna manera me causa una sensación de pérdida.

-¿Qué es el romanticismo?

-Es algo muy diferente de lo que se entiende como novela rosa. El romanticismo es el predominio del sentimiento sobre la razón, y también estar dispuesto a llegar al fondo de las cosas y sacrificar algo por un ideal, que puede ser, tal vez, un sueño que no se puede alcanzar.

-¿Está muy desvirtuado el término?

-Claro, porque por ese mismo camino se puede llegar a algo romanticón, sensiblero. El romanticismo no tiene que dejar de lado las aristas y las partes dolorosas de la vida, o acabarás siendo cursi. Eso sí está desprestigiado, y con razón.

-¿Escribir sobre el amor está penalizado en España?

-Me importa poco saber qué está mal o bien visto en literatura. He hecho novela juvenil cuando estaba mal visto y también policiaca cuando ocurría lo mismo. Hago las novelas que me apetece ir escribiendo, me dejo llevar por lo que creo y no por lo que digan cuatro creadores de opinión.

-¿Qué le dio más miedo mientras la escribía?

-La he escrito durante muchos años, con cosas entre medias, y el momento de más temor se produjo cuando, después de estar año y medio sin leerla, me enfrenté a ella para saber si seguiría adelante o no. Fue un momento especial.

-¿De qué manera influyó el recuerdo de su hermano Pedro?

-Tiene algo de biografía sentimental de mi hermano, pero teniendo siempre en cuenta que es una novela, que es ficción.

-¿Qué buscaba y qué encontró?

-No sé lo que he encontrado. Buscaba lo que he escrito: una novela que tuviera diferentes capas, una historia de locura y también de un maleficio, y buscaba además explorar distintas maneras de tratar cada parte de la historia, usando un lenguaje apropiado para cada una pero que al mismo tiempo se complementaran. Y, por último, que se hablara de las cosas grandes y pequeñas porque la vida está hecha de ambas.

-¿El amor es sinónimo de fracaso?

-Depende de lo que esperes de él. Lo que sí es un fracaso es no haberlo conocido.

-¿Ocho años para una novela son muchos, pocos o los justos?

-Para esta novela son los que necesitaba, es mejor que hace cuatro años porque la he ido corrigiendo y mejorando, pero no creo que todas las novelas necesiten tanto tiempo. Esta sí porque es especial.

-¿Vivir fuera de los gallineros literarios es una ventaja?

-Me considero bastante fuera de ellos. En la vida todo tiene ventajas y desventajas. Si hubiera tenido algún padrino hubiera ido todo más rápidamente, pero al no pertenecer a un grupo tengo más libertad y eso es bueno para escribir y para opinar.

-¿Hombres y mujeres se diferencian mucho a la hora e encarar el amor?

-Hay diferencias, pero también entre hombres y hombres. Lo que pasa es que hay hombres que son más femeninos y mujeres que se comportan más parecido a lo que se supone que en los hombres.

-¿El vocabulario de los sentimientos da problemas?

-Tenía al empezar la novela una historia perfecta de amor que se estropea, y eso te plantea dificultades para no caer en lo almibarado o sensiblero, y a la vez si quieres escribir una historia de amor que marcha sobre ruedas tienes que recurrir a un lenguaje que la gente sólo usa en la intimidad. Ese tipo de lenguaje y hasta dónde me tenia que acercar me preocupó. Espero haberme quedado a este lado de la línea y no caer en el otro.

-¿La siguiente obra tendrá menos riesgo?

-Supongo que sí, no tan larga y más sencilla.

-¿Cómo le quedó el cuerpo al acabarla?

-Me preocupa más la siguiente, porque equivocadamente o no, he logrado bastante de lo que me proponía: me quedó esa satisfacción pero a la vez la preocupación de saber qué va a ser lo próximo. Lo que hay que hacer es lo que te pide el cuerpo, y ahora mismo estoy a la espera de ver qué me pide.

-¿Le asalta a menudo la tentación de dejar de escribir?

-No, y por ahora no creo que la vaya sentir, pero puedo imaginar que a alguien le pase. No me parece imposible.

-¿Tiene antídoto contra la depresión posparto?

-El mejor antídoto es otra novela, igual que en el amor. La mejor forma de olvidarse de una novela es recobrar la ilusión por la siguiente.

-¿Las críticas negativas le hacen daño o le resbalan?

-Ayudarme no, procuro que me resbalen. Me molestan cada vez menos, porque cada vez hago menos caso a las críticas, he leído tantos disparates con novelas vulgares puestas por las nubes y grandes novelas maltratadas... Es como una tómbola. Lo mejor es aislarse.

-¿El marketing se ha apoderado de la literatura?

-Hasta cierto punto, pero también hay una resistencia de mucha gente para que no sea así. En el mundo editorial sí hay tendencia a que la gente que mira los números y las cuentas sin criterio literario tengan más peso, pero no es una batalla perdida.

-¿Cuál es su lector ideal?

-Alguien al que le guste mucho lo que escribo, y al que le gusten libros que a mí me gustan. Porque si de repente un lector te dice que tu novela le ha gustado mucho pero luego dice que le ha gustado también otro libro que te parece horroroso...

-¿Qué prefiere, tener un estilo reconocible o cambiante?

-Prefiero cambiar el estilo de una novela a otra, hay novelas que necesitan un tipo de estilo más directo y sencillo y otras más barroco y espeso. Depende de muchas cosas: los personajes, el tema, la atmósfera...

-¿Cuándo aprende más de sí mismo, al leer o al escribir?

-De las dos maneras.