Dos en una (Anaya, colección Espacio Abierto, 2002; colección Espacio para dos, 2007).


Sinopsis: Mateo, un adolescente cuyos padres están separados, verá cómo un encuentro en la calle con una desconocida, Lara, cambia su vida: Mateo se atreve a hablarle, y se cita con ella. Pero esa misma noche, en la discoteca a la que acaba de entrar con Carlos, su mejor amigo, se la encuentra, arreglada de una manera totalmente distinta. Lara finge no reconocerle, dice llamarse Clara, y sin embargo aparece el día de la cita, ahora nuevamente bajo su primer nombre y vestida de una manera convencional. Mateo sospecha que Lara-Clara tiene doble personalidad, y su padre, neurólogo, le confirma la existencia de los trastornos disociativos de identidad. La vida de Mateo se vuelve vertiginosa. Por una parte, desearía ayudar a la pobre enferma; y por otra, quiere conquistar a las dos partes de la mujer a la que ama. Mateo vivirá la increíble aventura de estar enamorado dos veces de la misma chica, de engañarla con ella misma, de tener que mentir, de repetir la irrepetible experiencia del primer beso... Y siempre, con la angustia de hallarse en un callejón de difícil salida.

Escrita con seriedad y con humor, con un ritmo vivo y valiéndose de un narrador en tercera persona que aporta la distancia de la edad y la cercanía de un cómplice, Dos por una supuso el regreso de Martín Casariego después de cinco años a la novela juvenil.

Visión personal de Martín: A través de esta historia de un chico que conoce a una chica con dos personalidades quería hablar, de una manera divertida y sencilla, acerca de los problemas morales que plantea el enamorarse, y las múltiples preguntas que tal suceso nos obliga a hacernos sobre nosotros mismos. La novela está construida en forma de enredo, y debía ser creíble sin que el protagonista, Mateo, pareciera tonto. La historia es posible, pero improbable: por eso, para preparar al lector, se abre con la misma frase con la que se cierra: "A veces las cosas suceden así". En otro sentido, creo que la literatura juvenil tiene que abrirse a la realidad, y no darle la espalda. Al final, cuando Lara va a casa de Mateo, no se sabe si hablan de preservativos o de un juego de ordenador. Las dos opciones son posibles, y el lector puede quedarse con la que quiera. Este "atrevimiento" me valió alguna crítica, moral y no literaria, que muestra lo espinoso que puede ser el camino de la literatura infantil y juvenil.
Para los nombres de los protagonistas suelo utilizar los de gente querida. En este caso, dos de mis sobrinos se llaman Mateo y Clara. En cuanto a la dedicatoria, tiene un sabor agridulce. Mi padre, por su cultura, su carácter, su humor, su inteligencia, es una de las personas a las que más profundamente he querido y admirado. Se la dediqué a él, pero murió justo antes de que se publicara. A veces las cosas suceden así.

La crítica ha dicho:
"(...) El autor demuestra conocer la psicología de los jóvenes, los presenta en sus variadas tipologías sin juzgarlos y sin caricaturizarlos, con naturalidad. Maneja bien los dos registros del lenguaje, el propio del narrador adulto y el de los protagonistas, y sale con bien de un enredo a priori difícil de mantener más allá de la primera cita. Hay más cosas en la novela –amistad, relaciones familiares...–-, merecedora de este emblemático dorsal número 100 de la colección Espacio Abierto. (CLIJ, mayo 2003)

(...) Dos en una es una novela muy bien escrita, con una genial aparición fugaz del narrador. La puede disfrutar un adulto (hay un "toque" para ellos en el papelón de los divorciados padres de Mateo) porque el argumento engancha enseguida, y se sigue con interés hasta llegar a la resolución de un misterioso enigma: Mateo conoce casualmente a una muchacha de la que se enamora, en un sentimiento mutuo; pero cuando la vuelve a ver, viste de otra manera, actúa de otra manera... y no le reconoce. (...) (Carmelo López-Arias Montenegro. El Semanal Digital, mayo 2003).