| Carta
al lector: Queridos amigos,
este nuevo libro de Pisco es para niños un poco mayores que los
anteriores, aunque eso de las edades y las lecturas no lo tengo muy
claro. Los libros de Pisco os pueden gustar o no, pero si os gustaban
con siete años, os pueden gustar con ocho, con nueve, o con más.
¡Si a mí no me gustaran, no los escribiría, y fijaos
en qué mayor soy ya! ¿Que cuántos años tengo?
Os daré unas pistas, y si no andáis mal en Matemáticas,
lo adivinaréis. El Capitán Caimán tiene 33 años.
Multiplicad su edad por dos. Ahora, dividid el resultado entre tres.
Lo que os dé, restadlo del resultado de la primera multiplicación,
y ya tendréis mi edad mientras escribo esta carta.
Hablando de pistas, el título de este libro os da alguna sobre
lo que va a pasar, ¿no? Como ya saben los lectores de "Pisco
sueña con el Capitán Caimán", ni a Pisco ni
a Anita les gusta comer espinacas... ¡pero sospecho que aún
les gustaría menos que una especie de espinacas se los comieran
a ellos! En fin, son los peligros que se corren cuando se va en busca
de un tesoro. Al final, aprenderán que a menudo en equipo se
trabaja mejor que individualmente, y que hay cosas más importantes
que el dinero.
Bueno, llega el triste momento de la despedida. Y para animarme, lo
haré con el grito del Capitán Caimán: ¡Por
el tesoro y por la aventura!!
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Primera
página:
Cap. I Pequeñas discusiones
familiares
Mientras esperaban a que llegara Margarita
para cuidar a sus hijos, los padres de Pisco y Anita discutían
sobre qué película iban a ver en el cine.
-Las de época son un rollo, Carmen -decía el padre-. ¡Vamos
a ver la que digo yo, que es de acción!
-Mira, Juan, las de acción sí que son aburridas. ¡Sólo
hay tiros y persecuciones en coche!
-A las mujeres los coches no os gustan porque no sabéis conducir.
-¡Eres un machista!
En ese momento, sonó el timbre, y los padres de Pisco dejaron
de discutir. Era, tan puntual como de costumbre, la canguro.
-Bueno, Margarita -dijo la madre justo antes de salir-. Ya sabes que
la hora de acostarse es las diez, y la hora límite, las diez
y media.
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