Pisco y la Isla de las Plantas Carnívoras (Anaya, Colección El Duende Verde, 2006. Ilustraciones de Javier Vázquez). Recomendado a partir de 8 años.


Carta al lector: Queridos amigos,
este nuevo libro de Pisco es para niños un poco mayores que los anteriores, aunque eso de las edades y las lecturas no lo tengo muy claro. Los libros de Pisco os pueden gustar o no, pero si os gustaban con siete años, os pueden gustar con ocho, con nueve, o con más. ¡Si a mí no me gustaran, no los escribiría, y fijaos en qué mayor soy ya! ¿Que cuántos años tengo? Os daré unas pistas, y si no andáis mal en Matemáticas, lo adivinaréis. El Capitán Caimán tiene 33 años. Multiplicad su edad por dos. Ahora, dividid el resultado entre tres. Lo que os dé, restadlo del resultado de la primera multiplicación, y ya tendréis mi edad mientras escribo esta carta.
Hablando de pistas, el título de este libro os da alguna sobre lo que va a pasar, ¿no? Como ya saben los lectores de "Pisco sueña con el Capitán Caimán", ni a Pisco ni a Anita les gusta comer espinacas... ¡pero sospecho que aún les gustaría menos que una especie de espinacas se los comieran a ellos! En fin, son los peligros que se corren cuando se va en busca de un tesoro. Al final, aprenderán que a menudo en equipo se trabaja mejor que individualmente, y que hay cosas más importantes que el dinero.
Bueno, llega el triste momento de la despedida. Y para animarme, lo haré con el grito del Capitán Caimán: ¡Por el tesoro y por la aventura!!

Primera página:

Cap. I Pequeñas discusiones familiares

Mientras esperaban a que llegara Margarita para cuidar a sus hijos, los padres de Pisco y Anita discutían sobre qué película iban a ver en el cine.
-Las de época son un rollo, Carmen -decía el padre-. ¡Vamos a ver la que digo yo, que es de acción!
-Mira, Juan, las de acción sí que son aburridas. ¡Sólo hay tiros y persecuciones en coche!
-A las mujeres los coches no os gustan porque no sabéis conducir.
-¡Eres un machista!
En ese momento, sonó el timbre, y los padres de Pisco dejaron de discutir. Era, tan puntual como de costumbre, la canguro.
-Bueno, Margarita -dijo la madre justo antes de salir-. Ya sabes que la hora de acostarse es las diez, y la hora límite, las diez y media.